Mis hijos son encantadores. Son buenos, suelen ser educados, inteligentes, cariñosos... Pero está mal que yo lo diga, soy su madre.
Sin embargo, también tienen sus peculiaridades. Peculiaridades distintas en cada uno, que hacen que crispen a uno los nervios cuando llevan un tiempo largo con ellos. Si no les unen una relación paterno filial es complicado llevarlo, sobre todo a edades tan tempranas en las que si estás a su cargo, no puedes mandarles a dar un paseíto.
Pues bien, este año, por motivos de horarios nos vimos obligado a dejarles al comedor. Con el mayor no creiamos que ibamos a tener problemas, porque aparte de que la comida se la haría yo en casa y tampoco les iba a poner verduras para comer en el comedor (las guardaría para la cena y que asi me monten a mi la marimorena), suele ser un niño bastante obediente y correcto. El problema era mi hijo mediano. Ya durante su infancia nos dió muchos problemas para comer, nos costó Dios y ayuda que comiese sólido. Pero una vez superada esa larga y tortuosa etapa, ahora el problema no era ese.
Mi hijo tiene un "culillo de mal asiento". Si, asi es. El no se sienta a comer sin haber dado mil y una vuelta. Va a lavarse las manos, no sin antes pararse por todas las estancias de la casa, restaurante, local y/o colegio a ver si su mente se disipa con algo, que claro, se disipa. Si es de la cena, hay que recordarle que se tiene que poner las zapatillas, que recojer el baño, la mesa de estudio, sus juguetes... He calculado 20 minutos de media entre que le dices que venga a comer y llegue a la mesa. Eso si le estás avisando. Si no fuese así es probable que apareciese en la mesa con 20 años más y barba a lo tipo "Naúfrago".
Pues bien, en el comedor, él siempre dice que le va bien, que no siempre le da tiempo a acabar.. vamos, lo normal. Su hermano nos cuenta lo que hace, porque le ven mientras espera su turno "mami, pues se va a por agua, se da otro paseito, habla con su profesor, otro paseíto, habla con sus amigos, otro paseíto". Dichosa paciencia la de su santo profesor.

Pero no contentos con eso también tiene otra peculiaridad y es que es despistado. Está con sus pensamientos y este mundo le viene corto. Se abstrae. Ya hablé de él en otro momento, es mi niño el de mundo juguete. Esta semana el lunes me dijo que se le había caído el agua en el puré y claro, se quedó sin puré. Además el pollo no le gustó, asi que se dejó la mitad. El martes, el codo de su jersey se tiró en las lentejas, y tuvo que ayudarle su profesor a ir a limpiarlo: "mamí y es que cuando volví al comedor, ya había acabado mi turno y tuve que acabar rápido". El miércoles no pasó nada (excepto paseitos claro, eso es un clásico). El jueves no me dijo nada, su profesor me dijo que el niño se había quejado de que el arroz estaba soso (claro, ¿como va a estar un arroz blanco sin tomate que el niño no quiere?, pues soso o mega-soso), y que el pavo no quería todo "te lo he guardado, por si lo quiere luego". Por la noche llegó la cena y le dije "Hijo, ¿qué le ha pasado al pavo?" "Es que como se me cayó dos veces el vaso, pues claro, ya estaba muy aguado". ¡Toma ya!, sopa de pavo adobado.
Bueno, con estas le di las gracias por mail al profesor, diciendole que si le servía de consuelo, en casa era igual, pero que si quería, me lo llevaba a casa unos días a comer y asi descansaba de él, que entendía que yo tenía que "soportar" este agite de niño, pero que entendía que fuese pesado para él, porque además tiene 22 niños más.

La respuesta de su profesor me encantó: me dijo que lo llevaba con alegría y que no en todas las profesiones se pueden practicar todas las obras de misericordia.
Me dejó tirada porque las madres si debemos practicarlas, pero las vemos como cargas muchas veces, no como obras de misericordia. De hecho ya ni las recordaba. Pero asi es, y el profesor, sabiamente, las vive con alegría.
Las espirituales son :
Enseñar al que no sabe.
Dar buen consejo al que lo necesita.
Corregir al que yerra.
Perdonar las injurias.
Consolar al triste.
Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
Rogar a Dios por los vivos y difuntos.
Las corporales son:
Visitar y cuidar a los enfermos.
Dar de comer al hambriento.
Dar de beber al sediento.
Dar posada al peregrino.
Vestir al desnudo.
Redimir al cautivo.
Enterrar a los muertos.






Es algo que deberíamos tener en cuenta todos, cristianos o no, creyentes o no, ateos, agnósticos y sobre todo padres y madres, porque en el fondo, en su mayoría es lo que hacemos los padres.. y algunos profesores, que por desgracia no todos lo hacen con la misma paciencia y alegría. En el caso de su profesor, le he dicho que no practica tanto lo de dar de beber al sediento, al menos, que le aparte el vaso.